julio 9, 2024

La batalla de Pontesampaio, entre el 7 y el 9 de junio de 1809, supuso el principio del fin de la invasión francesa en territorio gallego y, en general, en España. El capitán Pablo Morillo fue el encargado de organizar y alistar a todas las fuerzas posibles en aras a formar un ejército que combatiera a los franceses. El pueblo gallego respondió con firmeza a la misiva.

Las banderas que las tropas españolas ondearon en la contienda fueron entregadas a las monjas de la Orden de las Clarisas de Pontevedra, en agradecimiento a la virgen por haberles conducido a la victoria.

Custodiadas en el convento pontevedrés de Santa Clara durante más de dos siglos, las banderas se trasladaron junto con la congregación al convento homónimo de Santiago, cuando el de Pontevedra pasó en 2021 a manos del ayuntamiento. El deterioro con el paso del tiempo urgía la urgente restauración y conservación de las históricas enseñas.

Fue en ese momento cuando la Brigada “Galicia” VII (BRILAT) delegó en el coronel director del Museo Histórico Militar de A Coruña, Antonio Montero Roncero, para que negociara con las clarisas la posible cesión de las banderas a la unidad. A tales efectos, el coronel contó con el asesoramiento jurídico del abogado y jurista José Ricardo Pardo Gato, presidente de la Asociación de Historia y Cultura Militar Noroeste.

De las negociaciones entabladas por ambos con las clarisas y con el abogado que las asistía se llegó al acuerdo de la cesión de las banderas en favor de la BRILAT para su restauración, conservación y puesta en valor en la base que lleva el nombre del ilustre militar que estuvo al frente de la decisiva batalla de Pontesampaio, la Base “General Morillo”, donde allí se encuentran depositadas.